‘Metrolandia’ (1980), de Julian Barnes

metrolandia-julianbarnes-500x500Esta novela supuso el debut literario de Julian Barnes en 1980 y fue galardonada con el prestigioso Premio Somerset Maugham, que reconoce a los mejores autores menores de 35 años. Desde entonces, ha desarrollado una de las trayectorias más sólidas de las letras británicas de los últimos treinta años, formando parte de un grupo estelar de autores entre los que se encuentran Ian McEwan, Martin Amis, John Banville o Graham Swift.

Metrolandia’ es una bildungsroman en la que asisitimos a la maduración del personaje narrador, Christopher Lloyd, en tres momentos cruciales de su vida. La adolescencia, acompañado de su inseparable amigo Toni y enfrentado con el mundo, su principal objetivo es épater le bourgeois. La temprana veintena, durante su estancia en el París del 68, donde vive sus primeras experiencias amorosas y empieza a ver la vida con otro prisma y, por último, la treintena, ya casado y con hijos, desde la que observa sus años anteriores con condescendencia habiendo adoptado al final la forma de vida que tanto criticó y ridiculizó en su juventud. El propio Barnes ha reconocido que para la escritura de la novela se baso en sus experiencias personales creciendo en un barrio residencial de Londres.

Desde el punto de vista narrativo, la novela no aporta nada novedoso al tratamiento de un género tan manido (la novela de iniciación/maduración),  combinando los ingredientes habituales. Este tipo de obras parte con la ventaja de que, en algún momento de la narración todos nos podemos sentir identificados con las situaciones o sensaciones que experimentan los protagonistas ya que, en definitiva, todos hemos pasado por este proceso natural de abandonar la infancia para adentrarnos en el camino de la vida adulta. El estilo ágil e inteligente de Barnes hace que la lectura sea entretenida y, por momentos, brillante, si bien en algún momento echo en falta una narración con algo más de aliento, algunos pasajes son demasiado breves y pasan de puntillas por situaciones y temas relevantes. Hay cierta sensación de que algunas cosas quedan en el tintero. Dicho esto, teniendo en cuenta que es un ópera prima, el resultado es más que aceptable y ya apunta maneras de gran narrador como se ha visto confirmado con sus posteriores obras. Anécdota: La novela fue llevada al cine en 1997 con Christian Bale en el papel protagonista.

Sobre la obra de Barnes. Teniendo en cuenta que soy un fan de los autores británicos de su misma hornada he leido unas cuantas novelas suyas (afortunadamente todavía me quedan unas cuantas pendientes). Dejo una breve pincelada por si alguien tiene curiosidad.

‘Antes de conocernos’: áspera obra sobre el amor y las funestas consecuencias de los celos. Muy recomendable.

‘El loro de Flaubert’: MAGISTRAL. IMPRESCINDIBLE. INCALIFICABLE.

‘Una historia del mundo en 10 capítulos y medio’: a medio camino entre la novela y el libro de relatos. Obra con altibajos, a ratos extraordinaria, a ratos mediocre.

‘Inglaterra,Inglaterra’: divertida sátira sobre Inglaterra y su gente. Algo ligera pero entretenida, buen exponente del humor británico.

‘Arthur & George’: la más literaria y contundente de las que he leído. Utiliza el personaje del escritor Arthur Conan Doyle para hacer una reflexión sobre la condición humana, introduciendo el tema del racismo.

‘El sentido de un final’: ganadora del Premio Booker (había sido finalista ya en 3 ocasiones). Me resulto ligeramente decepcionante. Quizás las expectativas que llevaban eran demasiado altas. Barnes se asoma al alma humana analizando las consecuencias de nuestros actos sobre los que nos rodean. No consiguió llegarme. Quizás se merezca una segunda lectura.

Valoración: 6/10

Julian Barnes (1946) nació en Leicester (Inglaterra), aunque su familia pronto se mudó a Londres. Licenciado en Lenguas Modernas, ha trabajado como lexicógrafo, editor y crítico literario y televisivo. Entre sus obras destacan ‘El loro de Flaubert’ (1984), ‘Una historia del mundo en 10 capítulos y medio’ (1989), ‘Inglaterra, Inglaterra (1998), ‘Arthur & George’ (2005) y ‘El sentido de un final’ (2011). En los años 80 escribió con el seudónimo de Dan Kavanagh una serie de novelas policíacas. Tiene una relación personal muy estrecha con Francia que se ha visto plasmada en la recepción de los Premios Fémina y Médecis y su nombramiento como Commandeur de l’Ordre des Arts et des Lettres.

‘Un día en la vida de Iván Denísovich’ (1962), de Alexandr Solzhenitsyn

978-84-8383-107-6_bigLos totalitarismos de uno y otro signo que azotaron Europa en el Siglo XX han sido una de las vetas literarias más productivas con numerosas obras-testimonio de autores que se vieron tocados por el estigma de traidores al régimen de turno, simplemente por pensar de manera diferente. Alexandr Solzhenitsyn (Premio Nobel de Literatura en 1970) es, por mérito propio, uno de los más destacados escritores que ha abordado este tema, habiendo dedicado no sólo su obra sino su vida a denunciar los excesos y la inhumanidad del régimen comunista sovietico. Evidentemente, su posicionamiento crítico le acarreó numerosos problemas y conflictos con las autoridades comunistas que se consumó con la deportación de que fue objeto en 1974, no pudiendo regresar a su país hasta 1994, cuando el régimen del telón de acero se había derretido como un muñeco de nieve en primavera. Asimismo, también en Occidente ha sido una figura controvertida, acusado de antisemitismo, nacionalismo ruso y de cierta arrogancia en su relación con el resto del mundo.

‘Un día en la vida de Iván Denísovich’ es precisamente eso. Un recuento minucioso en un día cualquiera de la existencia de Iván Denísovich Shujov, prisionero de un campo de trabajo en Siberia. Lo concreto del título no es un detalle insignificante sino que dice mucho del estilo de Solzhenitsyn. Directo, realista y sin ninguna concesión para las florituras ni la lírica. Basándose es su experiencia como prisionero del régimen soviético durante 8 años, el autor se limita  a describir de forma minuciosa la rutina diaria de Iván desde que amanece en los barracones hasta que vuelve a acostarse por la noche en su jergón. Asistimos a las diferentes eventos del día: las comidas, los trabajos en los que participa su grupo, los escasos momentos de ocio, la relación con los otros prisioneros,…  que son descritos en un tono aséptico y objetivo. Precisamente este es el aspecto de la novela que más me ha gustado.

Solzhenitsyn es consciente de la potencia de los hechos que narra, de ahí que sean innecesarias sus disgresiones o críticas directas, ni siquiera las de los propios protagonistas que, lejos de lanzar diatribas contra su situación, la asumen con una naturalidad pasmosa. Es el propio lector el que, a la luz de lo que le van narrando, llega a sus propias conclusiones que, no por obvias, dejan de ser demolederas. En este punto es fascinante ver como son los pequeños detalles de la cotidianeidad los que ponen de relieve la terrible situación en la que viven los personajes. La importancia para su subsistencia de conseguir unos gramos más de pan o la emoción por encontrar un pedazo de hierro oxidado que pueda ser reconvertido en una herramienta con la que remendar ropa o zapatos nos hacen comprender los mecanismos de dominación de este sistema carcelario. Despojados de cualquier privilegio, la deshumanización de los personajes es completa y, al igual que los animales, su única obsesión es buscarse medios para sobrevivir, incluso a costa del bienestar de otros. Esta preocupación por las pequeñas miserias de la existencia evita que se planteen no sólo la forma de escapar sino cualquier pensamiento abstracto político y social que se rebele contra el status quo. No hay margen para la disidencia, solo para la superviviencia. Los prisioneros y los carceleros forman parte todos de un microcosmos aislado del mundo real en el que nadie se plantea porqués. Se limitan a vivir por inercia esperando que el día siguiente sea, por lo menos, igual que el anterior.

Excelente libro para entender el infierno que vivieron miles de personas en los numerosos centros penitenciarios diseminados por la Rusia comunista del siglo XX. Es la primera obra que he leido de Solzhenitsyn pero seguro que no será la última.

Valoración: 8/10

Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008) nació en Rusia. Huérfano de padre (murió en un accidente cuando no había nacido), en su juventud abrazó la ideología marxista leninista. Participó como soldado en la II Guerra Mundial y, en 1945, fue condenado a ocho años de cárcel por unos comentarios críticos hechos en privado sobre Stalin. Tras cumplir condena tuvo que afrontar un”exilio interior” y tres brotes de cáncer que a punto estuvieron de acabar con su vida. En 1962 publicó ‘Un día en la vida de Ivan Denísovich’ y las autoridades soviéticas pusieron la lupa sobre el escritor, evitando la publicación de otros escritos que, sin embargo, iban editándose en Occidente: ‘El primer círculo’ (1968), ‘Pabellón de cáncer’ (1968), ‘Agosto 1914’ (1971) y ‘Archipélago Gulag’ (1973).  Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1970 y, en 1974, el Gobierno Ruso le expulsó del país. Se asentó con su familia en un pequeña población de Vermont (Estados Unidos) donde siguió trabajando en su obra de forma metódica en un régimen de semiaislamiento. En 1994, tras la caída del comunismo regresó a su país donde permaneció hasta su muerte.

‘El museo de cera’ (1981), de Jorge Edwards

libro_1246357514El escritor chileno Jorge Edwards es uno los autores latinoamericanos con una carrera literaria más dilatada. Aunque de cara al público su nombre sea mucho menos conocido que el de otros coetáneos como Vargas Llosa, García Márquez o Carlos Fuentes, lleva más de 60 años publicando regularmente novelas, cuentos, artículos periodísticos y libros de memorias, de forma que ha conseguido crear un corpus literario notable que se vio respaldado con la concesión del Premio Cervantes de 1999.

Hasta la fecha sólo había leído su primera novela, ‘El peso del noche’, pero llevaba tiempo intentando hincarle el diente a alguna otra. Si he tardado no es por falta de ganas sino por la dificultad en encontrar alguna de sus obras más emblemáticas (no solo en librerias sino incluso en bibliotecas). Finalmente he tenido que acudir a una tienda de segunda mano (Libros Alcaná) para hacerme con dos de ellas: ‘El museo de cera’ y ‘Los convidados de piedra’ (esta de momento la tengo pendiente).

‘El museo de cera’ es un novelita corta, un divertimento ligero pero entretenido, escrito con maestria e inteligencia. La historia se centra en el personaje del marqués de Villa-Rica, una rareza anacrónica que vive en un país latinoamericano (previsiblemente Chile) en una época no especificada (se intuye que es en la segunda mitad del Siglo XX). Absorbido en su palacio por una mentalidad anclada varios siglos atrás parece flotar por encima de la vida real como una reminiscencia del pasado.

Todo cambia cuando, ya maduro, decide casarse con una joven y bella muchachita burguesa que no tarda en ponerle los cuernos con su apasionado profesor de piano. El márques les sorprende en medio de una de sus “clases” y la imagen del adulterio le queda tan fijada en la retina que tiene una extravagante idea. Encarga a un artista bohemio la reproducción de la escena con estatuas de cera de su mujer, el amante y él mismo. A raíz de este suceso el marqués empieza a mezclarse con otros personajes de su tiempo y a conocer otras realidades diferentes a la suya. Así, asistimos a los radicales cambios políticos que tienen lugar en el país, que van del populismo a la vuelta de las ideas reaccionarias y el militarismo (en esto el autor recrea los vaivenes políticos de numerosos países lationamericanos a lo largo del Siglo XX), a los que el marqués observa impertérrito.

La prosa de Edwards es excelente y el libro se lee de una tirada y con gusto, consiguiendo arrancar sonrisas del lector en varios pasajes con un humor inteligente y muy satírico. Salvando las lógicas distancias, la novela viene a ser una “Escopeta Nacional” latinoamericana que muestra el contraste entre un personaje aferrado a una forma de vida decimonónica y la nueva sociedad y sus ideas con las que no se siente identificado. En realidad no los combate ni se enfrenta a ellos sino que las ignora como si fueran totalmente ajenos a su mundo. Hasta el final se muestra fiel a su pensamiento. Un pero a la obra es que me resulta excesivamente breve lo que impide al autor entrar de forma más profunda en algunos temas interesantes que merecían quizás un tratamiento más pausado y que podrían haber elevado el tono general de la obra. Sinceramente no creo que sea por incapacidad del autor sino que lo que realmente queria hacer era una mascarada trazada con rápidas pinceladas. En ese sentido, un buen trabajo.

Valoración: 6/10

Jorge Edwards (1931) nació en Santiago de Chile. Diplomático de carrera, entre 1957 y 1973 ocupó diferentes puestos en París (donde trabó amistad con los autores del boom latinoamericano), Lima, La Habana y París (1971-1973). Tras el golpe de estado de Pinochet en 1973 se exilió en Barcelona donde trabajó en la editorial Seix Barral. En 1978 volvió a Chile. Entre 1994 y 1997 fue embajador ante la Unesco en París y en 2010 fue nombrado embajador de su país en París. Entre sus obras destacan ‘El peso de la noche’ (1965), ‘Persona non grata’ (1974), ‘El museo de cera’ (1981), ‘Los convidados de piedra’ (1978) o ‘El inútil de la familia’ (2004). Entre otros premios ha recibido el Nacional de Literatura (1994), el Cervantes (1999) y el Planeta-Casa de Amércia (2008).

‘Las vírgenes suicidas’ (1993), de Jeffrey Eugenides

Esta novela Las vírgenes suicidas - Jeffrey Eugenidessupuso el debut literario del escritor estadounidense Jeffrey Eugenides en 1993 y tuvo una cálida acogida tanto entre el público como por parte de la crítica. En 1999, Sofía Coppola debutó en el largometraje dirigiendo su versión cinematográfica con muy buen resultado también.

El argumento de la obra gira en torno al suicidio de las cinco hermanas Lisbon, de entre 13 y 17 años, en un pequeña y apacible localidad estadounidense en los años 70. La historia está narrada años después por un indefinido ‘nosotros’ que corresponde a un grupo de adolescentes que vivían fascinados por las cinco hermanas y, que, a lo largo del tiempo transcurrido, han ido recolectando información de diversas fuentes para completar el puzzle de la vida y muerte de las hermanas. Al margen de la historia concreta que relata, el libro recoge el viaje iniciático de los chicos en el que el catalizador hacia la adolescencia serían las hermanas Lisbon como símbolo del camino a la madurez (descubrimiento del amor y el sexo, choque con la realidad de la vida, etc…). En la novela se nos va descubriendo el mundo de las cinco chicas, teñido por una bruma de misterio y represión que, unida a las sensaciones, rebeldía e impulsos típicos de la pubertad dan como resultado un cóctel de terribles consecuencias.

El libro me ha gustado bastante. Está muy bien escrito y Eugenides sabe transportar al lector a una historia con un transfondo trágico con mucha sutileza y sensibilidad, sin caer en la sensiblería. Mientras leía la novela me venía insistentemente el recuerdo de la lectura del clásico ‘Matar a un ruiseñor’, de Harper Lee, en el que el papel de Scout lo identificaba con el narrador de ‘Las vírgenes suicidas’ y el de Boo Radley con el de las hermanas Lisbon. Una relación marcada por el misterio y la atracción a partes iguales. Igualmente, tenía destellos de la atmósfera de películas de pandilla de los 80 como ‘Los Goonies’ o ‘E.T.’. No en cuanto al argumento pero si en cuanto a las imágenes de aquellas tranquilas zonas residenciales de las ciudades estadonidenses y las sensaciones de los personajes ante la aparición de algo sorprendente que sacude sus vidas.

En contra de lo habitual, no se detectan los tics típicos de las primeras obras, lo cual dice mucho de la solidez creativa del autor. Si hay que poner un pero es cierta confusión en la estructura, sobre todo  al principio, que hace que el lector necesite cierto rodaje para entrar de lleno en la historia (ojo, hay que decir que abordé el libro con el lastre de haber visto primero la película y eso es siempre un handicap ya que, inconscientemente, buscas señales y similitudes con lo que tienes en la memoria).

Este excelente debut se ha visto confirmado por la trayectoria posterior de Eugenides que en 2002 ganó el Premio Pulitzer con ‘Middlesex’, una estupenda novela tejida también sobre un tema espinoso (recorre la vida de un personaje transexual en la pacata sociedad norteamericana) y, recientemente, con ‘La trama nupcial’ (2011), que no he leído todavía pero que ha recibido buenas críticas. Está claro que se toma su tiempo (sólo 3 novelas en 20 años) pero al menos el resultado es bueno. Ya podrían muchos tomar ejemplo y pensarse las cosas antes de ‘escupir’ como una fotocopiadora su obra anual.

Valoración: 7/10

Jeffrey Eugenides (1960) nació en Detroit en una familia de ascendencia griega. Ha declarado que desde muy joven tuvo claro que su vocación era la de ser escritor. Licenciado en Brown y con un master en escritura en Princeton ha vivido en Alemania durante varios años. Actualmente vive en Princeton donde trabaja como Profesor de Escritura Creativa.

‘El lector’ (1995), de Bernhard Schlink

imagesEstá obra es la novela alemana más traducida y vendida en todo el mundo en los últimos 20 años. Desde que se publicó en 1995, su nómina de lectores se ha ido incrementando de manera exponencial, se ha incorporado como materia de estudio en cursos de literatura y lengua alemana en numerosos países y ha cosechado numerosos premios. Como colofón, en 2008 fue llevada al cine por Stephen Daldry, con Kate Winslet y Ralph Fiennes como actores principales.

La historia, rememorada en primera persona por el protagonista, se divide en tres partes. En la primera se nos cuenta la relación casual que entabla en la posguerra de la IIGM el narrador, Michael Berg, un quinceañero alemán, con Hanna, una solitaria mujer de treinta y tantos. En esta parte la novela deambula por los tópicos de iniciación sexual, amor irracional, relación maestra-alumno, etc… hasta que un día, sin previo aviso, Hanna desaparece sin dejar rastro. Entre los rituales íntimos que se establece entre ellos está el que Michael le lea a Hanna durante sus encuentros.

La segunda parte nos traslada a seis años después. Michael es un estudiante de derecho que recibe como asignación académica asistir al juicio que se va a celebrar contra un grupo de mujeres por su actuación como guardianas en un campo de concentración nazi durante la II Guerra Mundial. Para su sorpresa se encuentra con que Hanna es una de las procesadas. Aquí asistimos al relato del proceso judicial mezclado con las reflexiones del narrador sobre la culpa y responsabilidad de los que participaron y colaboraron con el nazismo. Además, Michael descubre que Hanna es analfabeta, de ahí su papel de lector cuando fueron amantes.

La tercer parte comienza tras la condena y encarcelamiento de Hanna. Michael comienza a grabar sus lecturas y se las envía a la cárcel, pero ese es el único contacto que mantienen. Ni una carta personal ni una visita hasta que, pasados los años, la directora de la penitenciaría se pone en contacto con él para avisarle que Hanna va a ser liberada. El día antes, Michael la visita y tienen una breve conversación. Al dia siguiente ella se ahorca en la celda y Michael, revisando sus pertenencias, descubre que en la cárcel aprendió a leer, en especial, libros sobre la temática del holocausto.

A mí el libro me ha producido una profunda  indiferencia. Nada de lo que cuenta me ha enganchado. Ni la historia de amor del principio, que es previsible y está vista ya cien mil veces. Ni la parte en la que aborda el tema del nazismo y la implicación de la sociedad alemana. Aquí el autor amaga pero no pega, se limita a bordear el meollo pero sin profundizar. Ni la parte final, muy forzada y con un desenlace apresurado y que no deja ninguna reflexión. La hilación de la historia con la anécdota de la lectura me parece cogida con alfileres y algo sensiblona. En general la sensación que me queda es que es un libro muy superficial que parece querer abordar cuestiones transcendentes pero que se queda en lo evidente. Vamos, que no me ha gustado.

Hay que reconocer que el autor ha tenido la habilidad de conjugar numerosos ingredientes de probado éxito entre el público: amor imposible, nazismo-holocausto, etc.. y le ha dado resultado, por lo menos desde el punto de vista de las ventas. Además, es un libro breve, de lectura muy sencilla y ágil accesible para cualquier público.

Conclusión: si te pica la curiosidad, dado el éxito que ha tenido, que no te frene mi comentario. Para gustos colores. Pero si realmente te interesa el tema del nazismo y su huella en la sociedad alemana hay otros autores alemanes que lo han hecho de una forma admirable tanto argumental como tecnicamente. Basta mencionar a dos Premios Nobel: Heinrich Böll (‘Billar a las nueve y media’) y Günter Grass (‘El tambor de hojalata’).

Valoración: 4/10

Bernhard Schlink (1944, Alemania) es escritor y jurista. Su carrera literaria comenzó a finales de los años 80 con la serie de novelas policíacas protagonizadas por el personaje de Selb. En 1995 publicó ‘El lector’, que le lanzó al estrellato literario.

‘La posibilidad de una isla’ (2005), de Michel Houellebecq

portada-posibilidad-una-isla_grandeAntes de empezar a analizar este libro tengo que declarar mi  predilección por este autor desde que leí a finales de los 90 ‘Las partículas elementales’. Recuerdo su lectura como una de esas experiencias que te quedan grabadas para siempre. En cuanto lo terminé, pasó a engrosar mi listado de libros a recomendar y  me lancé como un loco a leer ‘Ampliación del campo de batalla’ que, por aquella fecha, era la otra novela que había publicado. Desde entonces he seguido atento su trayectoria, leyendo lo que ha ido publicando salvo ‘La posibilidad de una isla’, que había condenado al ostracismo. ¿Por qué?. Por un lado, cada novela me ha ido gustando menos que la anterior. Por otro, la sinopsis de este libro en particular no me atraía nada. En fín, a veces ocurre que le coges manía a un libro sin ninguna razón. Aún así, sabía que llegaría el momento de leerlo y, después de meses mirándome desde la estantería (me lo había regalado hace tiempo un amigo), me decidí a zanjar la cuestión.

Lo primero que hay que decir es que es un libro puramente houellebecquiano, tanto para lo bueno como para lo malo. Los detractores del autor tienen parte de razón al acusarle de querer contar siempre lo mismo pero yo nunca he visto en esto nada negativo. Al fin y al cabo, cada autor escribe de lo que quiere, y es el público el que decide si le interesa o no. No voy a señalar con el dedo, pero hay muchos escritores, músicos, cineastas, etc… que no dejan de repetir los mismos temas y las mismas historias en sus obras sin que por ello dejen de ser interesantes. En cierta manera es una seña de identidad.

El libro me deja una sensación agridulce, muy similar a la que tuve con ‘El mapa y el territorio’. Hay partes que me parecen interesantes y atractivas y otras que me sobran y no me aportan nada. La historia se centra en la figura de Daniel, un humorista francés de notable éxito que nos va narrando su trayectoria profesional y, sobre todo, vital (especialmente amorosa). A lo largo de su narración va desgranando sus disquisiciones sobre la sociedad, las relaciones humanas, etc… desde el punto de visto habitual de Houellebecq. Es decir, sin tapujos y sin miedo a afrontar ningún tema. Eso es algo que siempre me ha gustado mucho de este autor. Lo que algunos pueden calificar de irreverencia e inmoralidad, o incluso una pose, a mí me parece falta de prejuicios y valentía para poner en cuestión y abordar cualquier tema controvertido. Prefiero que alguien ponga sobre el tapete cuestiones espinosas como la pederastia o la prostitución que cerrar los ojos a  realidades que están en el mundo nos gusten más o menos. Esta faceta de la novela es la que más me ha gustado con diferencia. No es nada novedoso respecto a otros obras suyas pero te invita a pensar y reflexionar a la vez que narra una historia ágil e interesante.

Ahora lo que no me ha gustado. La narración de Daniel esta intercalada con pasajes en primera persona de unos personajes situados en un futuro apocalíptico denominados Daniel24 y Daniel 25 que, obviamente, tienen una vinculación con él. Según avanza la narración vemos como Daniel entra en contacto con una secta cuyo objetivo es perpetuar la vida mediante la clonación y vamos atando cabos. Hasta aquí puedo leer. No voy a reventar la historia. Pues bien. Toda esta historia es la que me sobra del libro. Es más, creo que sin ella funcionaría mucho mejor. Me parece encajada con calzador en el relato de Daniel. Como si el autor hubiera intentando dar un paso más allá en la estructura narrativa de la novela con una narración en segundo nivel pero que no termina de funcionar. Más que un complemento a la historia principal es un apéndice totalmente prescindible y que emprobrece el resultado final.

Dicho lo cual me parece una lectura aceptable y de fácil lectura aunque, si no se ha leído nada de Houellebecq, recomiendo comenzar con ‘Ampliación del campo de batalla’. Si te gusta, zambúllete en ‘La partículas elementales’. Si no, bórralo de tu lista.

Una par de anécdotas sobre el libro. Gran parte de la obra transcurre en Almería (donde el protagonista tiene una casa) y en Lanzarote (donde se ubica la secta). En 2008, el propio Houellebecq dirigió la versión en cine de la novela con bastante pena y sin ninguna gloria (yo no la he visto pero todas las críticas que he leído son  demoledoras).

Valoración: 5/10

Michel Houellebecq (1958) nació en Isla Reunión (Francia). Licenciado como ingeniero agrónomo, trabajó un tiempo como infórmatico, periodo que le sirvió de inspiración para escribir su primera novela ‘Ampliación del campo de batalla’ (1994, Premio Flore), a la que siguió ‘Las partículas elementales’ (1998, Premio Nacional de las Letras), que le catapultó a la fama. Desde entonces ha ido publicando de forma bastante espaciada otras novelas: ‘Lanzarote’ (2000), ‘Plataforma’ (2001), ‘La posibilidad de una isla’ (2005) y ‘El mapa y el territorio’ (2010, Premio Goncourt). Es autor también de varios libros de poesía.

‘Tempestades de acero’ (1920), de Ernst Jünger

Al contrario de lo que suele ser habitual, siempre me ha llamado más la atención la Primera Guerra Mundial que la Segunda. Creo que marcó un punto de inflexión en las confrontaciones internacionales. No sólo por ser la primera guerra que implicaba a casi todo el planeta (de ahí lo de mundial), sino porque fue un brusco despertar a la modernidad empleada en el exterminio masivo de la gente. En las guerras anteriores, el factor individual tenía un gran protagonismo. Con la Primera Guerra Mundial, el individuo desaparece y la lucha se basa en el choque de masas humanas dirigidas por un Estado Mayor. La guerra de trincheras hizo que, durante años, se dilapidaran vidas por avanzar unos metros que, días después, se volvían a perder. Si a esto unimos la mecanización de la muerte con el empleo por primera vez de gases y máquinas mortíferas como los aviones, tanques o lanzallamas, el resultado es una confrontación criminal que esquilmo toda una generación dejando un reguero de sangre y tullidos por todo el mundo.

Como decía, también la literatura se ha centrado más en la Segunda Guerra Mundial, pero la producción referida a la Primera, si no cuantitativa, si que es equiparable cualitativamente. Tempestades de acero’ está basada en los diarios que escribió un jovencísimo Ernst Jünger durante su experiencia en el frente, que repasa pormenorizadamente desde su primer día como soldado hasta el final de la guerra. La galería de miserias y horrores es muy similar al resto de obras de este corte. No desvía la mirada de todas las atrocidades de las que fue testigo y las describe con total realismo y detalle, lo que es de alabar. Hasta aquí todo resulta familiar, pero hay un aspecto diferente, que no había encontrado hasta ahora en este tipo de narraciones y que ha hecho que el libro no me haya gustado. La narración es totalmente aséptica. Pese a la crudeza de lo que relata, el protagonista muestra una absoluta frialdad y aislamiento sobre lo que está viviendo. En ningún momento hay una reflexión o análisis del porqué de esa barbarie, de las razones o el motivo que ha llevado a ello. Y mucho menos una crítica clara a la guerra. No quiero decir con esto que espere en toda las obras una proclama moral o ética, pero si ver de que manera las experiencias que viven los personajes les marcan y les hacen cuestionarse sus propios valores. Da la impresión de que el protagonista fuera un robot programado para ir a la guerra y cumplir con lo que le ordenan. Nunca se cuestiona el porqué de las cosas. Es más, hay un cierto tufillo de orgullo por el deber cumplido que a mí me resulta desgradable. Por otra parte, es cierto que, desde esta perspectiva, resulta plausible comprender como millones de hombres inteligentes y con criterio aceptaron entrar en este baile de sangre que se mantuvo durante varios años, tal y como ocurriera unos años después con el nazismo. Te hace ver como se puede llegar a asumir una situación que, vista desde fuera, nos parece inconcecible. ¿Cómo podían aguantar meses en trincheras infectas sabiendo que la gran mayoría de ellos morirían en el fango y se pudrirían a la intemperie?, ¿qué les empujaba a ello?.

Después de haber leído varias narraciones sobre la temática, esta obra no me ha aportado nada nuevo ni me ha hecho reflexionar sobre el asunto. Antes que este libro recomendaría otros como ‘Sin novedad en el frente’ de Erich María Remarque, ‘El fuego’ de Henri Barbusse o ‘Tres Soldados‘ de John Dos Passos en los que se puede ver también la cruda realidad del conflicto pero que, al mismo tiempo, aportan el valor añadido de estimular a tu cerebro a pensar.

Valoración: 2/10

Ernst Júnger (1895-1998) nació en Alemania. Fue escritor, filósofo e historiador. Con sólo 18 años se alistó en la Legión Extranjera y, al estallar la Primera Guerra mundial fue como voluntario, logrando alcanzar enseguida méritos de guerra. Tras el conflicto formó parte del movimiento Konservative Revolution, definido por un fuerte nacionalismo. Aunque se desmarcó muy pronto del nazismo, participó en la II Guerra Mundial como militar en el París ocupado y en el frente ruso y participó en el fallido intento de asesinato de Hitler. Tras la guerra desarrolló hasta su muerte una extensa carrera intelectual, no desprovista de polémica, tanto por sus opiniones, como por su participación activa en ambas guerras. Pese a ello, está reconocido como uno de los intelectuales alemanes más relevantes del Siglo XX. Entre sus obras destacan ‘Tempestades de acero’ (1920), ‘El trabajador’ (1932), ‘Los acantildos de mármol’ (1939), ‘Las abejas de cristal’ (1957) y ‘El problema de Aladino’ (1983).