‘Yo el Supremo’ (1974), de Augusto Roa Bastos

La literatura siempre ha sido un campo propicio para ‘exorcizar demonios’. Para poner sobre el tapete y ventilar las miserias, tanto personales como colectivas, descargar conciencias y limpiar el alma. De ahí que determinados temas sean muy recurrentes en según que literaturas (Guerra Civil en España, Nazismo en Alemania, etc..). Uno de los más prolijos y de mejor fortuna ha sido la llamada ‘novela de dictador’, de gran tradición en las letras latinoamericanas  y que ha sido cultivada por la gran mayoría de sus autores principales (Vargas Llosa en ‘La fiesta del chivo’, García Márquez en ‘El otoño del patriarca’, Miguel Ángel Asturias en ‘El señor Presidente’ o Alejo Carpentier en ‘El recurso del método’). ‘Yo el Supremo’ (1974) es la aportación del paraguayo Augusto Roa Bastos a esta temática que, prácticamente en todos los países latinoamericanos, ha tenido su reflejo a lo largo de sus azarosas trayectorias políticas, desde que se independizaron hace 200 años. Sátrapas de uno y otro signo han servido a la literatura historias, por desgracia reales, que ni los autores más imaginativos podrían haber llegado a fabular.

‘Yo el Supremo’ es una obra maestra, pero de difícil digestión. La novela se centra en la figura del dictador, y padre de la patria paraguaya, José Gaspar Rodríguez de Francia y de Velasco, que dirigió el destino del país entre 1816 y 1840. La narración va alternando en diferentes planos narrativos: la transcripción de las conversaciones del Supremo con su secretario;  la llamada Circular Perpetua, dirigida a los funcionarios del Estado, en la que el Supremo rememora la historia de la independencia del Paraguay; el diario privado del dictador, etc. Aunque conectados por la historia común, estos planos no se encadenan en la narración ni lineal ni cronologicamente, sino que es labor del lector ir colocando las piezas que conforman el puzzle de la obra. De ahí que requiera de una lectura atenta, interesada y pausada. Pero el esfuerzo merece la pena. A las dos páginas ya es palpable que estamos ante una obra maestra destinada a perdurar y ser un texto de referencia en la historia de la literatura. Y según nos vamos adentrando en ella, la riqueza lingúistica, la complejidad de la construcción, los miles de matices de los personajes y el inimitable estilo de Roa Bastos alcanzan unos niveles magistrales. Más allá de las vicisitudes concretas de la vida del Supremo, comunes a todas las dictaduras (eliminación sistemática de la oposición, justificación de atrocidades por el bien del pueblo, etc..), la obra es una reflexión profunda sobre el poder, en un periodo crucial de la historia lationamericana: las guerras de independencia de Francia y las difíciles relaciones entre las nuevas naciones surgidas.

Valoración: 9/10

Augusto Roa Bastos (1917-2005) nació en Asunción, Paraguay. Su biografía se asemeja a la de muchos autores latinoamericanos del siglo XX. Desde muy joven se implicó en la vida sociopolítica y cultural de su país, desarrollando una extensa carrera periodística (llegó a cubrir los juicios de Nuremberg). Los vaivenes políticos de la región le llevaron a varios exilios (Argentina, Francia).  En 1989 regresó a su país ya convertido en una gran figura internacional, avalada por numerosos galardones: Concurso Internacional de Novelas Editorial Losada, Premio de las Letras Memorial de América Latina, Premio Nacional de Literatura Paraguaya y Premio Cervantes. Entre sus obras destacan: ‘Hijo de hombre’ (1960), ‘Yo el Supremo’ (1974) y ‘El fiscal’ (1989).

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