‘Tempestades de acero’ (1920), de Ernst Jünger

Al contrario de lo que suele ser habitual, siempre me ha llamado más la atención la Primera Guerra Mundial que la Segunda. Creo que marcó un punto de inflexión en las confrontaciones internacionales. No sólo por ser la primera guerra que implicaba a casi todo el planeta (de ahí lo de mundial), sino porque fue un brusco despertar a la modernidad empleada en el exterminio masivo de la gente. En las guerras anteriores, el factor individual tenía un gran protagonismo. Con la Primera Guerra Mundial, el individuo desaparece y la lucha se basa en el choque de masas humanas dirigidas por un Estado Mayor. La guerra de trincheras hizo que, durante años, se dilapidaran vidas por avanzar unos metros que, días después, se volvían a perder. Si a esto unimos la mecanización de la muerte con el empleo por primera vez de gases y máquinas mortíferas como los aviones, tanques o lanzallamas, el resultado es una confrontación criminal que esquilmo toda una generación dejando un reguero de sangre y tullidos por todo el mundo.

Como decía, también la literatura se ha centrado más en la Segunda Guerra Mundial, pero la producción referida a la Primera, si no cuantitativa, si que es equiparable cualitativamente. Tempestades de acero’ está basada en los diarios que escribió un jovencísimo Ernst Jünger durante su experiencia en el frente, que repasa pormenorizadamente desde su primer día como soldado hasta el final de la guerra. La galería de miserias y horrores es muy similar al resto de obras de este corte. No desvía la mirada de todas las atrocidades de las que fue testigo y las describe con total realismo y detalle, lo que es de alabar. Hasta aquí todo resulta familiar, pero hay un aspecto diferente, que no había encontrado hasta ahora en este tipo de narraciones y que ha hecho que el libro no me haya gustado. La narración es totalmente aséptica. Pese a la crudeza de lo que relata, el protagonista muestra una absoluta frialdad y aislamiento sobre lo que está viviendo. En ningún momento hay una reflexión o análisis del porqué de esa barbarie, de las razones o el motivo que ha llevado a ello. Y mucho menos una crítica clara a la guerra. No quiero decir con esto que espere en toda las obras una proclama moral o ética, pero si ver de que manera las experiencias que viven los personajes les marcan y les hacen cuestionarse sus propios valores. Da la impresión de que el protagonista fuera un robot programado para ir a la guerra y cumplir con lo que le ordenan. Nunca se cuestiona el porqué de las cosas. Es más, hay un cierto tufillo de orgullo por el deber cumplido que a mí me resulta desgradable. Por otra parte, es cierto que, desde esta perspectiva, resulta plausible comprender como millones de hombres inteligentes y con criterio aceptaron entrar en este baile de sangre que se mantuvo durante varios años, tal y como ocurriera unos años después con el nazismo. Te hace ver como se puede llegar a asumir una situación que, vista desde fuera, nos parece inconcecible. ¿Cómo podían aguantar meses en trincheras infectas sabiendo que la gran mayoría de ellos morirían en el fango y se pudrirían a la intemperie?, ¿qué les empujaba a ello?.

Después de haber leído varias narraciones sobre la temática, esta obra no me ha aportado nada nuevo ni me ha hecho reflexionar sobre el asunto. Antes que este libro recomendaría otros como ‘Sin novedad en el frente’ de Erich María Remarque, ‘El fuego’ de Henri Barbusse o ‘Tres Soldados‘ de John Dos Passos en los que se puede ver también la cruda realidad del conflicto pero que, al mismo tiempo, aportan el valor añadido de estimular a tu cerebro a pensar.

Valoración: 2/10

Ernst Júnger (1895-1998) nació en Alemania. Fue escritor, filósofo e historiador. Con sólo 18 años se alistó en la Legión Extranjera y, al estallar la Primera Guerra mundial fue como voluntario, logrando alcanzar enseguida méritos de guerra. Tras el conflicto formó parte del movimiento Konservative Revolution, definido por un fuerte nacionalismo. Aunque se desmarcó muy pronto del nazismo, participó en la II Guerra Mundial como militar en el París ocupado y en el frente ruso y participó en el fallido intento de asesinato de Hitler. Tras la guerra desarrolló hasta su muerte una extensa carrera intelectual, no desprovista de polémica, tanto por sus opiniones, como por su participación activa en ambas guerras. Pese a ello, está reconocido como uno de los intelectuales alemanes más relevantes del Siglo XX. Entre sus obras destacan ‘Tempestades de acero’ (1920), ‘El trabajador’ (1932), ‘Los acantildos de mármol’ (1939), ‘Las abejas de cristal’ (1957) y ‘El problema de Aladino’ (1983).

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