‘La familia Wapshot’ (1957-64), de John Cheever

La familia wapshot John Cheever es más conocido por sus relatos, que le valieron el Premio Pulitzer en 1979, que por sus narraciones largas (sólo escribió cuatro), siendo uno de los autores de cabecera de la revista The New Yorker durante más de treinta años, donde publicó de forma continuada alguna de sus mejores obras, siendo bautizado por la crítica como el ‘Chejov estadounidense’ (yo no estoy de acuerdo con esta definición).

Aunque se presentan en un volumen, este libro se compone de dos novelas escritas con una diferencia de siete años: ‘Crónica de los Wapshot’ (1957, National Book Award) y ‘El escándalo de los Wapshot’ (1964).

Si bien los personajes protagonistas son los mismos en ambas narraciones y hay una cierta continuidad cronológica en las tramas, por razones que explico más adelante no lo llamaría propiamente una primera y segunda parte. Ambos novelas se centran en las vidas de los miembros de la familia Wapshot. Los padres, Leander y Sarah, y los hijos, Moses y Coverly, junto con la extravagante prima Honora. A lo largo de las dos novelas Cheever nos narra un extenso periodo de sus vidas. Aunque no especifica ni tiempo ni fechas se puede intuir que la acción transcurre en los años 50-60 del siglo XX en Estados Unidos.

El tono general que flota en la obra es de pesadumbre. Aunque hay momentos para una visión irónica de sus circunstancias, los protagonistas viven aisladados en sí mismos con sus frustraciones, temores y con dificultades para relacionarse en sociedad. Es una visión desencantada de la clase media estadounidense. El personaje de Honora es el que le sirve al autor para desengrasar el tono gris que inunda las páginas de las novelas con un toque de humor. La primera novela me ha gustado más que la segunda. Creo que está más trabajada, más pensada y avanza con mayor coherencia. La segunda adolece de un problema que lastra la valoración global de la obra. Más que una novela cohesionada es un conjunto de relatos protagonizados algunos por los personajes principales y, otros, por caracteres que aparecen en su momento y que, cuando terminan con su papel, desaparecen. Las historias no están hilvanadas entre sí y esto impide que el lector pueda adentrarse en la historia ya que el foco y la orientación de la narración va cambiando de forma drástica abriendo y cerrando puertas que no estan conectadas. Por eso he dicho antes que no son propiamente una primera y segunda parte. Mientras que la primera novela si que va avanzando en la historia en la segunda se bifurca, se dispersa y se corta. No hay ni un comienzo ni un desenlace como tal.

La sensación que tengo es que en la composición de la segunda Cheever no se preocupó por darle forma conjuntando las subhistorias que la forman sino que se limitó a juntar los relatos que iba escribiendo sin hacer una relectura pausada. De haberlo hecho así la novela hubiera dado un salto cualitativo espectacular ya que Cheever es un narrador minucioso, profundo y observador que se lee con placer y entusiasmo en los momentos en que sabe dar con la tecla adecuada.

VALORACIÓN: 6/10

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