‘La noria’ (1951), de Luis Romero

Luis Romero (1916-2009) debutó como novelista con esta obra, alzándose con el Premio Nadal de 1951 que, pese a su por entonces corta trayectoria (se creó en 1944), contaba ya en su nónima de ganadores con nombres ilustres de la literatura española como Carmen Laforet, Miguel Delibes o José María Gironella. Este prometedor inició, sin embargo, no tuvo luego la continuidad esperada y su nombre es actualmente desconocido para la gran mayoría del público. Su presencia ha quedado reducida al ámbito de los manuales de historia de literatura.

La novela se encuadra en el realismo social, corriente literaria que se generó en España a principios de los años cuarenta y que buscaba ofrecer un fiel reflejo de la sociedad española de posguerra. Estos autores se encontraban con la dificultad de plasmar lo que veían a su alrededor bajo la lupa escrutadora de la férrea censura impuesta por el Régimen franquista que limitaba su capacidad expresiva. Y eso se nota en muchas obras.

La principal característica de este libro es su peculiar estructura narrativa. Lejos de ser una novela al uso con una trama concreta y un conjunto de personajes, es una sucesión de escenas concatenadas protagonizadas por diferentes caracteres a lo largo de un sólo día en Barcelona. De ahí el título. La obra es una noria de personas e historias que van pasando una tras otra. A diferencia de ‘La Colmena’ de Cela (imitación de ‘Manhattan Transfer’, de Dos Passos) en la que se van alternando pasajes con diferentes personajes que vuelven a aparecer más adelante, en la obra de Romero sólo tenemos la oportunidad de verlos una vez. Este recurso tiene sus pros y contras.

El pro es que permite al autor abordar personajes muy diversos y con historias diferentes ofreciendo una visión muy amplia de la sociedad española de la época. Por delante del lector pasan hombres y mujeres, jóvenes y viejos, de clase alta, baja y media, todos con historias personales propias. En este sentido la novela cumple con creces con el objetivo buscado por el escritor. La contra que le veo es que esta fragmentación, al final, da la sensación de estar leyendo un libro de relatos más que una novela y provoca cierto cansancio por lo repetitivo del proceso. Llega un punto en que empiezas a preguntarte por qué ha optado por incluir treinta y siete personajes y no veinticinco o cincuenta. En definitiva, podría ser una novela infinita.

Al margen de esta particularidad, en la narración se detectan un par de puntos débiles que la convierten en un libro irregular y algo cojo. Por una parte se nota que es una primera novela. Pese a que en general se lee con soltura y agilidad, a veces el estilo y el lenguaje resultan algo forzados en un intento por ser más “literario”. Por otro lado, como decía antes, la sombra de la censura planea sobre toda la narración. Pese a que no se ocultan aspectos sórdidos de la época como la prostitución, el alcoholismo o el estraperlo, las referencias a la cercana Guerra Civil están muy tamizadas y apenas esbozadas, dando la impresión de que fue algo anecdótico cuando, en realidad, es el elemento fundamental para explicar la sociedad de la época. Todos los personajes que aparecen son hijos directos de los estragos de la Guerra y es imposible llegar a explicar sus circunstancias sin entrar en detalle en como este conflicto moldeó su vida. Al final el intento se queda a medio camino.

A pesar de los impedimentos y de las carencias, es loable el esfuerzo del autor por abordar un tema espinoso cuando lo sencillo era escribir de cuestiones más agradables, y en numerosos pasajes la lectura es reconfortante e incluso conmovedora. Una pena que este notable primer esfuerzo creativo no se viera luego confirmado en su trayectoria posterior.

VALORACIÓN: 5/10

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‘Mariona Rebull’ (1943), de Ignacio Agustí

Mariona RebullEste libro es un buen ejemplo de los vaivenes a los que está sometida la suerte literaria de toda obra. En su momento fue, junto con ‘La familia de Pascual Duarte’, de Cela y ‘Nada’, de Laforet, una de las novelas más importantes de su época. Al éxito de crítica y público se sumó una versión cinematográfica que arrasó en taquilla y en la que podemos ver a Sara Montiel en uno de sus primeros papeles.

Sin embargo, con el paso de los años, mientras que las otras dos novelas siguen estando vigentes y forman parte del canon literario español del siglo xx, ‘Mariona Rebull’ ha ido cayendo poco a poco en el olvido de tal modo que, a día de hoy, esta prácticamente desaparecida para el público. Probablemente se deba a que a nivel literario no es una obra diferente a otras, mientras que tanto la de Cela como la de Laforet si que suponen un punto de ruptura e innovación en la literatura española. Otra razón no la veo.

La novela es la primera de una serie que el autor concibió bajo el título de ‘La ceniza fue árbol’, pero que es generalmente conocida con el nombre popular de La Saga de los Rius ya que el tronco central de la narración es el devenir de tres generaciones de la familia Rius entre finales del Siglo XIX y principios del XX.  En esta primera novela se centra en el matrimonio formado por Joaquín Rius y Mariona Rebull. Él es hijo de un indiano enriquecido que regresó a Barcelona e instaló un próspero negocio textil. Joaquín es a su vez un empresario de éxito que desarrolla la empresa familiar hasta alcanzar la prosperidad y el reconocimiento social. Esto le abre las puertas a la gran burguesía barcelonesa y se acaba casando con Mariona, hija de un prestigioso joyero. Sin embargo, el matrimonio se muestra enseguida incompatible y la relación se va deteriorando hasta desembocar en el adulterio y trágico final de Mariona, fallecida en un atentado anarquista en el Liceo mientras se encuentra en brazos de su amante.

Me acerqué a la obra con cierto reparo. El hecho de que hubiera pasado al olvido me hacía sospechar que pudiera ser una narración rancia, cargada de moralina anticuada. Sin embargo me he llevado una grata sorpresa. A nivel estilístico no es una novela que innove ni sea rompedora. Sigue los cauces de la novela realista nacida en el XIX pero creo que esto no le quita valor literario. Está muy bien escrita, el desarrollo de la trama es fluida y el autor sabe transportarte a la época. Los personajes son consistentes y creíbles y van evolucionando al compás de sus experiencias. Al margen de la historia amorosa que vertebra el relato, nos ofrece también una visión del panorama social del momento, desde los ambientes burgueses a los primeros movimientos proletarios que tanto protagonismo iban a tener en Barcelona en los años siguientes.

Es una pena que este tipo de novelas se pierdan en el olvido. Al margen de valoraciones morales o ideológicas, es una estupenda narración que se disfruta de principio a fin.

VALORACIÓN: 7/10

‘Javier Mariño’ (1943), de Gonzalo Torrente Ballester

Javier MariñoDecir que Torrente Ballester es uno de los más grandes escritores españoles del siglo xx resulta a estas alturas una perogrullada. Basta con echar un vistazo a su amplia y variada obra que va desde el realismo (la trilogía ‘Los gozos y las sombras’), al experimentalismo (‘La saga fuga de J.B’.) o la narración más comercial (‘Crónica del rey pasmado’). Tenía mucha curiosidad por leer algo de sus obra más temprana así que me he ido directamente a la primera. ‘Javier Mariño’ se publicó en plena posguerra española cuando la miseria y la represión seguían marcando la vida social del país. Pese a ser un autor de conocida adscripción al bando franquista (estaba afiliado a Falange), la novela fue retirada de las librerías a los pocos días de su salida siendo recortada en posteriores ediciones por la censura.

La obra narra la historia de Javier Mariño, un joven gallego de buena familia que decide marchar a París en los días previos al 18 de julio de 1936, hastiado por su vida y la situación en España. Allí, sumido en su indolencia, le sorprende el alzamiento nacional a la vez que inicia una relación amorosa con Magdalena, militante comunista.

A priori podríamos esperar una obra propagandística del nuevo régimen dada la afiliación de Torrente Ballester, pero nada más lejos de la realidad. Las situaciones, opiniones y lenguaje expresados en la novela no son ni complacientes ni acordes con los aires impulsados por el franquismo. No es de extrañar que fuera censurada. Lo raro es que la dejaran publicar en un primer momento. A mi gusto se asemeja mucho a las novelas noventayochistas de principios de siglo como ‘La voluntad’ de Azorín, o ‘Camino de Perfección’ de Pío Baroja, que son narraciones de corte filosófico en las que el protagonista busca su sitio en el mundo ahogado en un mar de dudas y sin nada a lo que aferrarse.

En este sentido la obra me gusta, tanto por la imparcialidad que intenta mantener el autor como la profundidad de los planteamientos ideológicos que se recogen. Sin embargo, a mitad de la obra la trama amorosa empieza a coger protagonismo y la novela empieza a decaer. La “educación sentimental” de Mariño me resulta aburrida y algo reiterativa. No me interesa y hubiera preferido que Torrente se hubiera mantenido en la linea de los primeros capítulos. La relación entre Mariño y Magdalena me parece forzada para encajar en la narración y desvía la atención de forma innecesaria. Esto implica que la obra se alargue de forma excesiva y que haya pasajes prescindibles y que pueden cansar al lector.

En conjunto es una obra irregular, no olvidemos que es la primera, aunque ya se observan algunos rasgos de la escritura torrentiana. Sin duda se ven ya las maneras de gran narrador que en las décadas posteriores dio a la literatura española obras fundamentales.

VALORACIÓN: 5/10

‘Madrid, de corte a checa’ (1938), de Agustín de Foxá

Madrid, de corte a checaUna de las cosas que más valoro de los libros es la posibilidad que ofrecen de poder conocer otras realidades y formas de pensar que resultan muy enriquecedoras, tanto para reafirmar las propias creencias como para ayudar a modificarlas. Esta obra es un perfecto ejemplo.

Agustín de Foxá, aparte de escritor y diplomático español, era de origen aristocrático y declarado falangista, claramente posicionado con el bando nacional durante la guerra civil. ‘Madrid, de corte a checa’, está generalmente reconocida como la mejor novela sobre la guerra civil escrita desde el bando franquista. Por interés personal he leído bastante narrativa y ensayo sobre la temática por lo que creo poder juzgarla con conocimiento. Eso sí, voy a intentar ceñirme al aspecto literario.

La novela se divide en tres partes. La primera aborda la desaparición de la monarquía tras las elecciones de 1931, la segunda se centra en el período de la II república española y la tercera en los primeros meses de la Guerra Civil en Madrid. El personaje principal es José Félix, un joven de posición acomodada que, en un principio, aparece involucrado en los movimientos universitarios que luchan contra las posturas más reaccionarias pero que, a medida que va madurando, en paralelo a la historia de España, va virando hacia un posicionamiento más conservador, abrazando al final los ideales de Falange. Este protagonista sirve de hilván a las numerosas subtramas que aparecen en el relato y por las que desfilan muchos personajes históricos reales. En realidad es una novela coral en la que Foxá nos hace un retrato de España en esos años tan tumultuosos.

El estilo es directo, con frases cortas y rápidas aunque con un lenguaje elaborado y culto que me recuerda en algo al Valle Inclán de las Sonatas. La narración se desarrolla en una sucesión de escenas rápidas con cambios continuos de escenarios y personajes. Todo ello hace que la lectura sea ágil pero no apresurada. No es embarullada, sino que en todo momento el lector está situado y tiene “control” sobre la novela. Un aspecto muy interesante es que el autor fue protagonista directo de todo lo relatado y eso se nota en la autenticidad de personajes y situaciones. En especial en la parte dedicada a la Guerra Civil escribió la obra casi en tiempo real (es importante señalar que se publicó antes de acabar la guerra), de ahí que se note un cierto halo periodístico. En definitiva estába escribiendo casi al día. Hay algunos pasajes especialmente interesantes desde el punto de vista histórico como en el que relata la composición del ‘Cara al sol’. Todo esto es lo que considero positivo.

El punto débil y que lastra el valor general de la obra es la excesiva parcialidad del autor. Una cosa es que estuviera alineado con uno de los bandos y otra diferente es cargar las tintas en exceso. Este posicionamiento provoca que todo lo relacionado con el bando nacional sea heróico y magnífico y lo relacionado con el republicano bajo, inhumano y cruel, llegando en ocasiones a la caricaturización esperpéntica. El tratamiento de los personajes y las situaciones revelan un clasismo que huele a rancio. Al margen de la ideología de cada uno, las cosas no son siempre blancas o negras, hay grises que sirven para matizar. Ni todos los nacionales eran ejemplos de conducta ni todos los republicanos seres abyectos. Y este comentario es aplicable al caso contrario. He leido libros de escritores republicanos que pecan de lo mismo. Demonización del contrario y exaltación del afín. Cuando una obra deja de ser literaria para convertirse en propagandística desnuda al autor restándole credibilidad.

VALORACIÓN: 7/10

‘Asesinato en el Comité Central’ (1981), de Manuel Vázquez Montalbán

Asesinato en el Comité CentralPrimer libro que leo de Manuel Vázquez Montalbán. Lo tenía en mi lista de “autores a catar” pero hasta ahora no había encontrado ni el momento ni la oportunidad. Y cómo suele pasar, ha sido por casualidad. Estas vacaciones, mientras estaba en la playa, topé con esté libro olvidado y barnizado de polvo en una estantería. Estaba todavía leyendo ‘Noticias del Imperio’, pero me pareció una buena lectura desengrasante. La novela pertenece al grupo de historias protagonizadas por el detective Pepe Carvalho, muy conocido para el público por las numerosas adaptaciones televisivas y cinematográficas protagonizadas, entre otros, por Eusebio Poncela, Juan Luis Galiardo o Juanjo Puigcorbé. De hecho, esta novela fue llevada al cine por Vicente Aranda en 1982.

Pasemos al libro. La novela narra la investigación de Pepe Carvalho del asesinato del Secretario General del Partido Comunista durante la celebración de un comité. Es importante señalar que la narración es contemporánea a la escritura de la obra (principios de los años 80), elemento a tener muy en cuenta para poder valorarla en su justa medida.

El libro es una novela negra que reune los rasgos típicos del género, salpimentado con otros marca del autor. Primero hablaré de los elementos comunes. El protagonista, Pepe Carvalho, responde al patrón de detective privado duro y solitario, con una ética propia al margen de la sociedad. En esto bebe de dos fuentes universalmente conocidas como son el Sam Spade de Dashiel Hammett y el Philip Marlowe de Raymond Chandler. La historia también cuenta con sus malos malísimos y misteriosos, sus dosis de persecuciones, peleas y sospechosos de todo cariz, la chica de turno que nos muestra el lado sensible del detective, etc… Vamos, los ingredientes habituales.

Respecto a los rasgos específicos. Al margen de la trama policíaca, el autor aborda un análisis de la situación política y, en particular, del comunismo español de la época mediante las entrevistas que mantiene Carvalho con los diferentes personajes que va encontrando en su investigación. Además, dota a Carvalho de una peculiaridad que yo no había visto hasta ahora atribuida a ningún personaje similar. Es un apasionado de la gastronomía. Así, la obra esta trufada de pasajes dedicados a comentarios culinarios que actúan como momentos de respiro en la trama principal.

La sensación general que me ha transmitido la novela es que no ha resistido bien el paso del tiempo. La trama puramente policíaca se lee con facilidad pero sin emoción y muchas situaciones las veo forzadas, con una historia llena de agujeros, incluyendo un desenlace algo apresurado y cogido con pinzas. Me parece mucho más trabajada la historia política, pero leída en la actualidad resulta obsoleta y carente de interés. Es evidente que en su momento era un tema de plena actualidad que estaba al cabo de la calle pero, más de treinta años después, ha perdido cualquier vigencia. Y con Carvalho me pasa lo mismo. Todo en él me huele a naftalina, desde la forma de hablar, a su estilo ‘cañí’ me resulta anacrónico. Si cierro los ojos y pienso en él veo pantalones de campana y camisas ajustadas de cuellos picudos.

Un último detalle. El título me parece de los peores que he visto en mi vida. Nada atractivo y tan plano como los de Agatha Christie.

Es un libro que se lee con facilidad y “no molesta” pero tampoco te implica. No crea que sea la mejor obra para adentrarse en el autor así que le daré otra oportunidad.

VALORACIÓN: 3/10

‘El misterio de la cripta embrujada’ (1979), de Eduardo Mendoza

elmisteriodelacriptaemMi relación como lector con Eduardo Mendoza es una de las más frustrantes que he tenido. Es un autor que siempre me ha llamado la atención y al que me he acercado con interés y ganas de disfrutar pero, a cada libro, la decepción ha sido mayor. Empecé con ‘La verdad sobre el caso Savolta’, una de las novelas más irregulares que he leído en mi vida. La primera parte es magistral pero la segunda es tediosa y se desinfla de forma incomprensible. Como si hubiera sido escritas por dos personas diferentes.  Después leí ‘La ciudad de los prodigios’ y me dejo muy frío. El planteamiento inicial de la obra es muy atractivo pero su desarrollo me resultó deslavazado e incompleto como un puzzle al que le faltaran varias piezas. A ésta le siguió ‘Riña de gatos’ (Premio Planeta 2010). También el punto de partida de la historia es prometedor pero luego se convierte en un vodevil bastante absurdo y sin brillo.

Partiendo de estos antecedentes me marque como siguiente objetivo abordar la serie de novelas protagonizadas por un detective anónimo y de las que había oído hablar tan bien. Y que mejor manera de empezar que por la primera de ellas, ‘El misterio de la cripta embrujada’.

La historia que cuenta es lo de menos y se resume en un par de líneas. El protagonista es un peculiar personaje, recluido en un sanatorio mental de Barcelona, que es reclutado por el comisario Flores por sus dotes para moverse en los bajos fondos para investigar las misteriosas desapariciones de unas alumnas de un internado de monjas. En realidad la novela es una sátira de las narraciones de detectives que incluye rasgos de la picaresca e incluso tiene tics del absurdo. Hasta aquí todo bien. ¿Cuál es el problema?. Pues que falla lo más importante es una obra con este planteamiento: el humor. La comicidad es burda, bebe de las fuentes del ‘caca, culo, pedo, pis’ más que del wit inglés, que es el que a mí me gusta. En vez de Monty Python es Arévalo con sus chistes de ‘gangosos y mariquitas’. Muy pobre. Leyendo el libro no solo no me he reído ninguna vez sino que había momentos en que me daba cierta verguenza ajena. Fallando esto el resto de la novela se cae por su propio peso ante la falta de su sustento principal: la trama es endeble y anecdótica, los personajes parecen guiñoles e incluso algunos hablan de la misma manera pomposa que, en vez de resultar graciosa, es cargante. En el prólogo leí que Mendoza confesaba haberla escrito en una semana. Me lo creo.

Sobra decir que es una opinión particularísima y que me parece totalmente respetable que haya gente a la que le divierta pero, desde luego, este tipo de novelas no es para mí. Aún así seguiré en mi empeño y le daré a Mendoza más oportunidades.

Una par de recomendacions de novelas españolas con humor inteligente: ‘Juegos de la edad tardía’, de Luis Landero y ‘La fuente de la edad’, de Luis Mateo Díez. Puestas en comparación no hay color.

VALORACIÓN: 3/10

Eduardo Mendoza (1943) nació en Barcelona. Licenciado en Derecho, en 1973 se trasladó a Nueva York para ejercer como traductor en las Naciones Unidas. Entre 1995 y 1999 fue profesor en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Pompeu Fabra, y ha sido columnista del diario El País. Entre sus obras destacan ‘La verdad sobre el caso Savolta’ (1975, Premio de la Crítica), ‘El misterio de la cripta embrujada’ (1979), ‘La ciudad de los prodigios’ (1986, Premio Ciudad de Barcelona), ‘Sin noticias de Gurb’ (1991), ‘Una comedia ligera’ (1996), ‘La aventura del tocador de señoras’ (2001, Premio al «Libro del Año» del Gremio de Libreros de Madrid), ‘Mauricio o las elecciones primarias’ (2006, Premio de Novela Fundación José Manuel Lara) y ‘Riña de gatos’ (2010, Premio Planeta).