‘Estupor y temblores’ (1999), de Amelie Nothomb

estupor-y-tembloresAmelie Nothomb (1967) es una de las escritoras europeas de mayor repercusión de los últimos años. Cada libro que publica es un éxito de ventas y su obra tiene miles de seguidores. Su suerte con la crítica literaria no es tan rotunda. La valoración de su producción es, cuanto menos, tibia.

Nunca había leído nada de ella y, la verdad sea dicha, no me llamaba nada la atención pero, antes de descartarla de forma definitiva quería darme una oportunidad. No sería la primera vez que luego me llevara una sorpresa agradable. Elegí este libro porque, a priori, es el más famoso de su larga lista de obras (es una autora muy prolífica que publica cada año), que le valió el Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999 y fue adaptada al cine en 2003.

La novela está basada en su experiencia personal trabajando en una multinacional japonesa en Japón. Es importante señalar que la autora nació en este país, su padre era diplomático francés, donde pasó parte de su infancia. Años después volvió para trabajar allí. La obra nos cuenta el choque que supone para la protagonista enfrentarse a la mentalidad laboral nipona con un código de valores y comportamiento muy diferente y poco comprensible para un occidental. Este desencuentro supone que Amelie vaya descendiendo cada vez más en la escala laboral hasta acabar de encargada de los lavabos.

La historia está narrada de forma ágil y la autora tiene un particular sentido del humor muy negro y con gusto por lo grotesco que, en ocasiones, resulta divertido. No es para nada una historia de confrotación de civilizaciones, ni con infulas filosóficas. Es una ‘black comedy’ de tono ligero que se lee con fluidez y agrado. Para mi gusto el tema daba para haber planteado una historia con mayor peso, que tratara el asunto de forma más profunda. La autora se queda en la superficie de la historia, que al final resulta ser una concatención de situaciones anecdóticas tratadas de forma trivial. Esto hace también que los personajes sean algo esquemáticos y planos. Me quedo con la duda de si la autora lo ha hecho así por elección propia o porque no ha podido hacer otra cosa.

Conclusión: ni me ha decepcionado ni me sorprendido. Es más o menos lo que me esperaba. Una novela amable, de lectura rápida, bien escrita y entretenida. Ideal para un público que busque pasar el tiempo sin más pretensiones. Para poder hacerme una idea de la autora tendré que leer más cosas suyas.

VALORACIÓN: 5/10

‘La posibilidad de una isla’ (2005), de Michel Houellebecq

portada-posibilidad-una-isla_grandeAntes de empezar a analizar este libro tengo que declarar mi  predilección por este autor desde que leí a finales de los 90 ‘Las partículas elementales’. Recuerdo su lectura como una de esas experiencias que te quedan grabadas para siempre. En cuanto lo terminé, pasó a engrosar mi listado de libros a recomendar y  me lancé como un loco a leer ‘Ampliación del campo de batalla’ que, por aquella fecha, era la otra novela que había publicado. Desde entonces he seguido atento su trayectoria, leyendo lo que ha ido publicando salvo ‘La posibilidad de una isla’, que había condenado al ostracismo. ¿Por qué?. Por un lado, cada novela me ha ido gustando menos que la anterior. Por otro, la sinopsis de este libro en particular no me atraía nada. En fín, a veces ocurre que le coges manía a un libro sin ninguna razón. Aún así, sabía que llegaría el momento de leerlo y, después de meses mirándome desde la estantería (me lo había regalado hace tiempo un amigo), me decidí a zanjar la cuestión.

Lo primero que hay que decir es que es un libro puramente houellebecquiano, tanto para lo bueno como para lo malo. Los detractores del autor tienen parte de razón al acusarle de querer contar siempre lo mismo pero yo nunca he visto en esto nada negativo. Al fin y al cabo, cada autor escribe de lo que quiere, y es el público el que decide si le interesa o no. No voy a señalar con el dedo, pero hay muchos escritores, músicos, cineastas, etc… que no dejan de repetir los mismos temas y las mismas historias en sus obras sin que por ello dejen de ser interesantes. En cierta manera es una seña de identidad.

El libro me deja una sensación agridulce, muy similar a la que tuve con ‘El mapa y el territorio’. Hay partes que me parecen interesantes y atractivas y otras que me sobran y no me aportan nada. La historia se centra en la figura de Daniel, un humorista francés de notable éxito que nos va narrando su trayectoria profesional y, sobre todo, vital (especialmente amorosa). A lo largo de su narración va desgranando sus disquisiciones sobre la sociedad, las relaciones humanas, etc… desde el punto de visto habitual de Houellebecq. Es decir, sin tapujos y sin miedo a afrontar ningún tema. Eso es algo que siempre me ha gustado mucho de este autor. Lo que algunos pueden calificar de irreverencia e inmoralidad, o incluso una pose, a mí me parece falta de prejuicios y valentía para poner en cuestión y abordar cualquier tema controvertido. Prefiero que alguien ponga sobre el tapete cuestiones espinosas como la pederastia o la prostitución que cerrar los ojos a  realidades que están en el mundo nos gusten más o menos. Esta faceta de la novela es la que más me ha gustado con diferencia. No es nada novedoso respecto a otros obras suyas pero te invita a pensar y reflexionar a la vez que narra una historia ágil e interesante.

Ahora lo que no me ha gustado. La narración de Daniel esta intercalada con pasajes en primera persona de unos personajes situados en un futuro apocalíptico denominados Daniel24 y Daniel 25 que, obviamente, tienen una vinculación con él. Según avanza la narración vemos como Daniel entra en contacto con una secta cuyo objetivo es perpetuar la vida mediante la clonación y vamos atando cabos. Hasta aquí puedo leer. No voy a reventar la historia. Pues bien. Toda esta historia es la que me sobra del libro. Es más, creo que sin ella funcionaría mucho mejor. Me parece encajada con calzador en el relato de Daniel. Como si el autor hubiera intentando dar un paso más allá en la estructura narrativa de la novela con una narración en segundo nivel pero que no termina de funcionar. Más que un complemento a la historia principal es un apéndice totalmente prescindible y que emprobrece el resultado final.

Dicho lo cual me parece una lectura aceptable y de fácil lectura aunque, si no se ha leído nada de Houellebecq, recomiendo comenzar con ‘Ampliación del campo de batalla’. Si te gusta, zambúllete en ‘La partículas elementales’. Si no, bórralo de tu lista.

Una par de anécdotas sobre el libro. Gran parte de la obra transcurre en Almería (donde el protagonista tiene una casa) y en Lanzarote (donde se ubica la secta). En 2008, el propio Houellebecq dirigió la versión en cine de la novela con bastante pena y sin ninguna gloria (yo no la he visto pero todas las críticas que he leído son  demoledoras).

Valoración: 5/10

Michel Houellebecq (1958) nació en Isla Reunión (Francia). Licenciado como ingeniero agrónomo, trabajó un tiempo como infórmatico, periodo que le sirvió de inspiración para escribir su primera novela ‘Ampliación del campo de batalla’ (1994, Premio Flore), a la que siguió ‘Las partículas elementales’ (1998, Premio Nacional de las Letras), que le catapultó a la fama. Desde entonces ha ido publicando de forma bastante espaciada otras novelas: ‘Lanzarote’ (2000), ‘Plataforma’ (2001), ‘La posibilidad de una isla’ (2005) y ‘El mapa y el territorio’ (2010, Premio Goncourt). Es autor también de varios libros de poesía.

‘El diablo en el cuerpo’ (1923), de Raymond Radiguet

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¿Alcanzar la fama con 20 años?. Hoy en día sólo parece ser posible siendo futbolista o entrando en “Gran Hermano”. Sin embargo, hubo un tiempo donde el talento intelectual precoz era también objeto de admiración. Raymond Radiguet entra en la categoría de escritores que fueron fieles al lema de “muere joven y deja un cadáver bonito” (a su pesar). Con 20 años alcanzó el estrellato con ‘El diablo en el cuerpo’, su primera novela, que le proporcionó fama, dinero, la admiración del público y también reacciones contrarias al contenido de la obra. Considerado el nuevo Rimbaud, su temprana muerte truncó la vida de quien prometía dejar una huella muy profunda en la historia de la literatura.

La novela trata sobre la relación que mantiene un joven de quince años con una muchacha mayor que él y casada, mientras que su marido está en el frente francés durante la I Guerra Mundial. Parte del público criticó duramente que los “héroes” fueran los amantes mientras que el marido era presentado como un pobre hombre que, sin embargo, se estaba dejando la vida por su patria. Algunos tildaron la obra de antipatriota. Más allá de razonamientos morales, la novela es una pulida pieza de narrativa, más aún teniendo en cuenta la juventud del autor que demuestra una soltura y fluidez sorprendente sobre el tema que trata. Habla del amor y sus circunstancias con la sabiduría y conocimiento de quien hubiera vivido cientos de aventuras sentimentales. La leyenda cuenta que está parcialmente basada en una situación vivida por Radiguet pero que, al contrario de la novela, se quedó en algo platónico.

Novela psicológica, narrada desde el punto de vista del protagonista masculino, es semejante en textura narrativa a ‘La princesa de Cleves’ de Madame de Lafayette. Pese a su escasa acción, no resulta plana ni aburrida sino que es muy interesante ver el proceso interior por el que pasa el protagonista en lo que podría denominarse una “novela de iniciación al amor”, pero también al mundo ya que se ve obligado a madurar no sólo sentimental o sexualmente sino también en su relación con el entorno familiar y amistoso.

Valoración: 6/10

Raymond Radiguet (1903-1923). Nació en París. Hijo del dibujante Maurice Radiguet con 15 años abandonó los estudios para ejercer como periodista. Se relacionó con artistas como Max Jacob, Juan Gris, Picasso o Modigliani. En 1918 conoció a Jean Cocteau quien llego a decir de él “es el alumno que se convirtió en mi maestro”, convirtiéndose en su protegido. En mayo de 1920 fundan juntos la revista “Le Coq”. En 1923 publicó ‘El diablo en el cuerpo’ y, meses después, falleció de una fiebre tifoidea sin haber podido concluir su segunda obra, ‘El baile del Conde de Orgel’.