‘Blanco nocturno’ (2010), de Ricardo Piglia

No me gusta ser categórico en mis comentarios porque al fin y al cabo no son más que impresiones y opiniones muy personales sin ánimo ni de sentar cátedra ni de constituir verdades irrebatibles. Por una vez me voy a permitir una licencia. Piglia es uno de los mejores escritores contemporáneos en castellano.

Sus obras conjugan la inteligencia y maestría técnica y estilística con la capacidad para construir historias atrayentes, magistralmente narradas y que invitan a trascender la anécdota para reflexionar. Es decir, consigue dinamitar el eterno debate entre literatura de entretenimiento y la literatura de ideas uniendo ambas con un  saber hacer al alcance de muy pocos. Pese a que su primera obra vio la la luz en 1967, su producción narrativa no es muy extensa, con apenas cinco novelas y otras tantas colecciones de relatos. Aún así, es más que suficiente para pasar a engrosar los cánones literarios de aquí a la eternidad.

‘Blanco nocturno’ arranca como una novela policíaca ambientada en los primeros años setenta en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. El veterano comisario Croce (¡fantástico personaje!) se enfrenta al caso de descubrir al asesino de Tony Durán, un estadounidense de origRicardo Pigliaen portorriqueño que recaló en la ciudad siguiendo a las hermanas gemelas Belladona con las que ha mantenido un complicado triángulo amoroso (bueno, más bien sexual). Durante la primera parte de la obra, la narración transcurre por los cauces de la investigación dirigida por Croce del personaje y las circunstancias del crimen. Es cuando aparece en escena la figura del periodista Emilio Renzi (ya presente en obras anteriores de Piglia), enviado a cubrir el tema por un periódico de la capital, cuando la historia cambia de punto de vista para embarcarnos en las indagaciones de Renzi. Estás pronto quitan el foco del crimen para centrarse en la maraña de las relaciones que rigen la vida de los miembros de la familia Belladona, en las que Tony Durán no ha sido más que una mosca atrapada en la telaraña.

Lo dicho. Una novela estupenda que fue galardonada con el Premio de la Crítica en España y el Premio Rómulo Gallegos.

VALORACIÓN: 8/10

‘Sábado por la noche y domingo por la mañana’ (1958), de Alan Sillitoe

Sabado_noche_domingo_mananaAlan Sillitoe es uno de los máximos exponentes del grupo bautizado como ‘Angry young men’. Bajo esta denominación se suele agrupar a una generación de escritores británicos que en los años 50 revolucionaron la literatura de las islas con obras de crítica social, protagonizadas por jovenes de clase baja, en la que atacaban con dureza, inteligencia y humor la sociedad de la época. El nombre viene del título de una de estas obras, ‘Don’t look back in anger’, de John Osborne, y los autores más relevantes de la corriente son Kingsley Amis, John Braine, Harold Pinter, Philip Larkin y el propio Sillitoe.

Esta novela supuso el fulgurante debut de Sillitoe y le encumbró a la fama y reconocimiento de la crítica, posteriormente refrendado con su siguiente libro, ‘La soledad del corredor de fondo’. Sin embargo, toda su obra posterior, muy extensa, nunca llegó a alcanzar ni de cerca la misma relevancia y su renombre literario sigue ligado a sus dos primeros trabajos.

La novela gira alrededor del personaje de Arthur Seaton, un Sábado por la nochejoven veinteañero que trabaja en una fábrica de bicicletas en Nottingham,  cuya máxima motivación en la vida es emborracharse los sábados por la noche y acostarse con el mayor número posible de chicas, si son casadas mejor. Con dinero en el bolsillo, viviendo con sus padres, con don de gentes y éxito entre las mujeres su hábitat natural de socialización se encuentra en el pub. La novela se abre con una memorable escena en un bar, un sábado cualquiera, con Arthur, borracho perdido, cayéndose por las escaleras y acabando la noche en la cama de su amante Brenda, mujer de uno de sus compañeros de trabajo.

La obra es por una parte una novela de iniciación en la que asistimos al proceso de maduración de Arthur pero, también, es una obra con una gran carga de  crítica hacia la sociedad de la época. El pensamiento casi anarquista de Arthur desdeña cualquier aspecto del status quo de su tiempo y es el fiel reflejo de un nuevo estrato social fruto de la posguerra mundial. Una clase obrera modesta pero con sus necesidades básicas cubiertas, que se desliza hacia la clase media y empieza a cuestionarse su entorno.

La novela fue llevada al cine en 1960 con Albert Finney en el papel de Arthur.

VALORACIÓN: 8/10

‘Oficio de difuntos’ (1976), de Arturo Uslar Pietri

oficio de difuntosUno de los subgéneros más prolíficos dentro de la narrativa latinoamericana es la llamada ‘novela de dictador’. Prácticamente todos los grandes narradores, de diferentes nacionalidades, han abordado está temática en algún momento de su carrera: Mario Vargas Llosa (‘La fiesta del chivo’), Miguel Angel Asturias (‘El Señor Presidente’), Augusto Roa Bastos (‘Yo el Supremo’), Gabriel García Márquez (‘El otoño del patriarca’), Alejo Carpentier (‘El recurso del método’), etc….. todas novelas magníficas por cierto.

Al margen del indudable atractivo y las posibilidades de la figura del dictador como personaje literario, se une la realidad histórica del continente americano que ha visto como en todos los países ha surgido en algún momento un caudillo que ha regido con mano férrea los designios de la nación durante un tiempo. Un fenómeno político-social tan extendido y presente es casi materia obligada para los autores de ficción.

‘Oficio de difuntos’ es una de las obras de este tipo menos conocida. En ella Juan Vicente GomezUslar Pietri aborda la figura de Juan Vicente Gómez, dictador de Venezuela entre 1903 y 1935. La obra se plantea como un roman à clef en el cual todos los nombres, tanto de personas como geográficos son ficticios pero fácilmente identificables con otros reales. Por ello, es recomendable leer una edición anotada que nos desvele quien es quien e informarse sobre los acontecimientos históricos para poder extraer todo el jugo al libro.

La obra arranca con la muerte del dictador y, a través de la figura del sacerdote encargado de su panegírico, retrocede en el tiempo para contarnos su vida desde el principio. Una gran acierto por parte del autor ya que nos permite conocer no solo al personaje político sino a la persona anónima,  cuando no era más que un hacendado rural sin pretensiones políticas. Somos testigos de como las circunstancias le van moldeando el carácter, despertando su ansia de poder y de dominio, empujándole a un futuro para el que no parecía destinado.

La parte más “convencional” es la que aborda los años en el poder, donde es inevitable sentir cierta sensación de deja vu respecto a otras novelas de la misma temática. Esto no le resta valor a la obra ni se puede ver como un remedo de otras. En el fondo los métodos de control y la forma de actuar de los dictadores en cualquier sitio se rige por unos patrones muy similares. Es normal que la historia de uno nos recuerde a la de otro.

La novela es muy buena y no tiene nada que envidiar a las anteriormente mencionadas. Es una lástima que no sea más conocida y sea difícil de encontrar en España.

VALORACIÓN: 8/10

‘Los herederos’ (1955), de William Golding

Imagen William Golding pertenece a esa estirpe de autores cuya obra global suele quedar eclipsada por un título concreto. En este caso, la extraordinaria repercusión de su ópera prima, ‘El señor de las moscas’ (1954), ha pesado como una losa sobre el resto de su producción. Pese a que a lo largo de su carrera recibió galardones tan importantes como el Premio Nobel (1983) o el Premio Booker por ‘Ritos de paso’ (1980), para la mayoría del público su nombre está vinculado en exclusiva a su primera novela.

En el caso de ‘Los herederos’, su segunda novela, Golding se enfrentaba al reto de colmar las expectativas alcanzadas con su debut. Para ello abordó una obra arriesgada, tanto por la temática como por su enfoque. La novela está ambientada en una época indeterminada de la prehistoria y nos cuenta la vida de un grupo de Neanderthales (podemos llegar a definirlo como familia) y como, la irrupción en su habitat de los denominados como “los otros”, un clan de Homo Sapiens, precipita su desaparición. El punto de vista que adopta el autor es el de uno de los neaderthales, Lok, tratando de transmitirnos su forma de razonar y de expresarse, de ahí que la narración requiera especial atención por parte del lector para poder seguir el hilo y comprender en todo momento lo que se nos está contando.

Es importante señalar que no es una novela histórica (en este caso prehistórica). De hecho, Golding se documentó muy superficialmentneandertal-familiae ya que su interés no estaba en trasladar con precisión las circunstancias de la época sino que puso el foco en abordar un tema que fue constante en toda su producción: la condición humana. Si en ‘El Señor de las moscas’ indagaba en la maldad inherente al hombre a través de un grupo de niños aislados en una isla, en ‘Los Herederos’ nos plantea un cambio en la percepción del origen del hombre. Frente a la imagen de especie inferior que tenemos del hombre de Neanderthal, Golding lo presenta como un ser con sensibilidad hacia los demas, capacidad de pensamiento abstracto y trascendente y que vive en armonía con la naturaleza. Frente a esto, el Homo Sapiens, supuestamente superior, es cruel y muestras rasgos como la ambición, la envidia o la intolerancia ante los extraños. El mensaje que subyace es que quizás la especie que consiguió imponerse a las demás no fue la mejor, sino la más despiadada. Y nosotros somos herederos de ellos.

La novela es muy interesante y plantea dilemas y preguntas inquietantes sobre el fondo del ser humano. No es fácil de leer pero el esfuerzo tiene su recompensa. Golding es un autor en el que merece la pena ahondar. La carga de profundidad de sus obras no está al alcance de cualquiera y son siempre un buen punto de partida para la reflexión.

VALORACIÓN: 7/10

‘La noria’ (1951), de Luis Romero

Luis Romero (1916-2009) debutó como novelista con esta obra, alzándose con el Premio Nadal de 1951 que, pese a su por entonces corta trayectoria (se creó en 1944), contaba ya en su nónima de ganadores con nombres ilustres de la literatura española como Carmen Laforet, Miguel Delibes o José María Gironella. Este prometedor inició, sin embargo, no tuvo luego la continuidad esperada y su nombre es actualmente desconocido para la gran mayoría del público. Su presencia ha quedado reducida al ámbito de los manuales de historia de literatura.

La novela se encuadra en el realismo social, corriente literaria que se generó en España a principios de los años cuarenta y que buscaba ofrecer un fiel reflejo de la sociedad española de posguerra. Estos autores se encontraban con la dificultad de plasmar lo que veían a su alrededor bajo la lupa escrutadora de la férrea censura impuesta por el Régimen franquista que limitaba su capacidad expresiva. Y eso se nota en muchas obras.

La principal característica de este libro es su peculiar estructura narrativa. Lejos de ser una novela al uso con una trama concreta y un conjunto de personajes, es una sucesión de escenas concatenadas protagonizadas por diferentes caracteres a lo largo de un sólo día en Barcelona. De ahí el título. La obra es una noria de personas e historias que van pasando una tras otra. A diferencia de ‘La Colmena’ de Cela (imitación de ‘Manhattan Transfer’, de Dos Passos) en la que se van alternando pasajes con diferentes personajes que vuelven a aparecer más adelante, en la obra de Romero sólo tenemos la oportunidad de verlos una vez. Este recurso tiene sus pros y contras.

El pro es que permite al autor abordar personajes muy diversos y con historias diferentes ofreciendo una visión muy amplia de la sociedad española de la época. Por delante del lector pasan hombres y mujeres, jóvenes y viejos, de clase alta, baja y media, todos con historias personales propias. En este sentido la novela cumple con creces con el objetivo buscado por el escritor. La contra que le veo es que esta fragmentación, al final, da la sensación de estar leyendo un libro de relatos más que una novela y provoca cierto cansancio por lo repetitivo del proceso. Llega un punto en que empiezas a preguntarte por qué ha optado por incluir treinta y siete personajes y no veinticinco o cincuenta. En definitiva, podría ser una novela infinita.

Al margen de esta particularidad, en la narración se detectan un par de puntos débiles que la convierten en un libro irregular y algo cojo. Por una parte se nota que es una primera novela. Pese a que en general se lee con soltura y agilidad, a veces el estilo y el lenguaje resultan algo forzados en un intento por ser más “literario”. Por otro lado, como decía antes, la sombra de la censura planea sobre toda la narración. Pese a que no se ocultan aspectos sórdidos de la época como la prostitución, el alcoholismo o el estraperlo, las referencias a la cercana Guerra Civil están muy tamizadas y apenas esbozadas, dando la impresión de que fue algo anecdótico cuando, en realidad, es el elemento fundamental para explicar la sociedad de la época. Todos los personajes que aparecen son hijos directos de los estragos de la Guerra y es imposible llegar a explicar sus circunstancias sin entrar en detalle en como este conflicto moldeó su vida. Al final el intento se queda a medio camino.

A pesar de los impedimentos y de las carencias, es loable el esfuerzo del autor por abordar un tema espinoso cuando lo sencillo era escribir de cuestiones más agradables, y en numerosos pasajes la lectura es reconfortante e incluso conmovedora. Una pena que este notable primer esfuerzo creativo no se viera luego confirmado en su trayectoria posterior.

VALORACIÓN: 5/10

‘Santa Evita’ (1995), de Tomás Eloy Martínez

Santa EvitaHace unos meses publiqué un comentario sobre la novela ‘Noticias del Imperio’ en la que me preguntaba cómo era posible que una obra tan extraordinaria fuera tan desconocida en España. Pues lo mismo puede decirse en este caso. Es absolutamente increíble que una novela de esta talla no sólo sea poco conocida, es que ni siquiera es sencillo encontrarla en las librerías. Y eso que es una de las novelas argentinas más vendidas y traducidas en todo el mundo, de la que el propio García Márquez dijo que era “la novela que siempre quiso leer”. Todo ello me hace pensar que seguimos mirando con condescendencia la producción literaria de América Latina, exceptuando a los autores ya consagrados. No es de recibo que clásicos como este no sean obras de culto en España mientras que auténticas medianías de otros países invaden nuestras estanterías. Imperdonable.

Describir la sinopsis de la novela es algo anecdótico ya que el argumento pasa a un segundo plano y la obra trasciende la propia narración para situarse en lo que me gusta llamar como “novela total”, la que aborda con profundidad y maestría la condición humana hasta su último rincón. En este caso, la trama se vertebra alrededor del destino del cuerpo embalsamado de Eva Perón que, tras la caída del gobierno de su marido en 1955, empieza una periplo tan rocambolesco que supera la ficción. De hecho me ha parecido tan increible que he acudido a fuentes históricas para corroborar lo que estaba leyendo. Salvo por alguna licencia literaria, el grueso de la historia que narra el autor es verídica. Absolutamente alucinante. Y demencial. A Momia Eva Perónpartir de esta historia se nos ofrece un amplio abanico de personajes que tuvieron que ver con el asunto y cuya vida quedó definitivamente marcada como una especie de maldición “a lo Tuntankhamon” a la vez que se recrean partes de la vida del mito de Eva Perón en una lección magistral para entender, no sólo a la sociedad argentina, sino también el funcionamiento interno de los mecanismos que rigen en los grupos humanos.

Realmente poco más puedo decir porque plasmar todo lo que significa la obra me llevaría millones de palabras y, aún así, no la abarcaría. Lo mejor es invitar a todo el mundo a leerla y disfrutar de una de esas novelas que te dejan marcado para siempre y que, por unas horas, te deja atisbar la grandeza y profundidad del ser humano.

VALORACIÓN: 9/10

‘Servidumbre humana’ (1915), de William Somerset Maugham

Servidumbre humanaMe resulta difícil encontrar un autor cuyo declive en el canon literario hay sido tan fulgurante como en el caso de Somerset Maugham (1874-1865). En su momento era uno de los autores más populares del mundo. Vendía novelas por millones de ejemplares, sus comedias copaban las carteleras de los teatros, sus obras eran llevadas al cine y a la televisión y acabó sus días en una lujosa villa de la Riviera Francesa con una desahogada posición económica.

A priori podría decirse que su vida fue plena y feliz pero, debajo del éxito latían algunos complejos que le persiguieron toda su vida. Uno de ellos fue su homosexualidad (no olvidemos que cuando Maugham tenía poco más de 20 años Oscar Wilde fue encarcelado por su condición sexual), que intentaba ahuyentar con relaciones con mujeres. Llegó a casarse y tener una hija pero, lógicamente, fue un desastre y al final asumió su condición compartiendo su vida con dos parejas estables sucesivas que hacían las funciones de secretario personal.

Otro de sus demonios fue el rechazo de la crítica literaria que le impedía disfrutar al máximo del éxito de público y ventas. Es un tema muy recurrente en sus obras y al que se enfrentan los personajes. Él mismo expuso en sus memorias ser consciente de sus limitaciones como narrador: falta de imaginación y lirismo, poca capacidad para la metáfora…. y que su único objetivo fue siempre intentar escribir lo mejor posible dentro de sus posibilidades. Aún así, nunca obtuvo el reconocimiento de la crítica que le acusaba de superficial, poco innovador y convencional. Ciertamente su escritura se asemeja más al estilo del siglo XIX que a la del modernismo inglés de principios del XX. El resultado de todo ello es que, desde su muerte, su nombre ha caído en picado dentro de los estudios literarios, aunque su obra sigue siendo editada (en mucha menor proporción que antes) y leída.

Antes de esta novela había léido unicamente ‘El filo de la navaja’ que me gustó bastante aunque era algo irregular. ‘Servidumbre humana’ está considerada su obra maestra. Gran parte de la trama tiene fuertes rasgos autobiográficos con el autor, cosa que el mismo recWilliam somerset maughamonoció. La novela es una ‘bildungsroman’ en la que se nos cuenta la vida de Philip Carey desde que queda huérfano con apenas ocho años hasta que se compromete en matrimonio ya en la treintena. El personaje tiene una singularidad, un deformidad en un pie que le lleva a cojear y que durante toda su vida marca sus decisiones y su forma de relacionarse con los demás. A lo largo de la narración asistimos al proceso de maduración del personaje en el que se abordan todos los temas típicos de este género: el descubrimiento del amor, las dudas existenciales, el choque con la religión, la búsqueda de un camino en la vida, etc… El estilo de la narración es lineal y convencional, poco dado a la experimentación y novedad. En definitiva, coincido con los críticos en el análisis de su escritura.

Ahora bien. La pregunta es ¿y qué?. ¿Hay que juzgar a las novelas simplemente por su capacidad de innovar o aportar algo nuevo?, ¿por ser arriesgadas formalmente o de contenido?. Yo creo que no. Pienso que hay que tener en cuenta todo en su conjunto y, al final, cada libro nos deja una impresión que es la que nos marca su valoración. En el caso de Maugham debo decir que he disfrutado muchísimo con esta novela. La narración es vibrante, está bien escrita y sabe transportarnos no solo a la historia sino al interior del personaje de forma magnífica. En especial, la parte en la que trata de su relación con Mildred es fabulosa. La manera en que nos cuenta como Philip es atraído por una mujer que él mismo juzga como insulsa y poca cosa y que no le ama, pero a la que se siente irresistiblementa atado, es cautivadora. Maugham es capaz de mostrar con claridad el alma del personaje para explicar algo que desde el exterior nadie podría entender. Es cierto que la narración en ocasiones se asoma peligrosamente a un exceso de sentimentalismo y que el final es demasiado complaciente y “poco literario” pero en general la obra tiene un gran tono.

La historia fue llevada al cine en 1934 con Leslie Howard y Bette Davis como protagonistas.

VALORACIÓN: 8/10